May 26, 2009

Mayo is the sweetest month

Durante los primeros cuatro años de esta década, mayo era el mes to get some action. Desde el chico suizo que se hizo mi novio en Leicester Square bajo la luna londinense, aquel chiapaneco con quien escuché Radiohead justo antes de que perdiera el conocimiento en el suelo de la casa de mi amiga T., el regio súper guapo que me invitó a salir 3 ó 4 veces antes de que le dijera que sí, y el otro regio con quien me besuqueé en la lavandería de mi casa mientras mi papá hablaba de religión con mis amigos en el patio. Para el quinto año estaba lidiando con antidepresivos y psiquiatras, no wonder.

A partir de entonces, cada mayo ha sido tan "insignificante" como todos los otros mayos de mi vida. Éste no es la excepción.

Alguna vez, en uno de los últimos fiesteos memorables de la carrera, justo antes de que la bandita se desbandara (creo que Su Alteza Serenísima ya se había expatriado, y el Voltrón de la Aburrición ya se había adueñado de nuestras vidas), nos preguntamos unos a otros cómo definiríamos nuestros blogs a alguien más. No recuerdo qué dijo la gente (o si dijo algo), pero yo siempre he pensado que se pueden definir las entradas de mi blog como "la epifanía de la semana". Cada semana "descubro" algo que luego releo y me doy cuenta que había descubierto el mes pasado, o el año pasado, o hace diez años. Y cada vez que lo hago me da una claridad mental y emocional sin igual que, sin embargo, me veo en la necesidad de repetir.

En una de estas noches insomnes de mayo tuve la última "epifanía" que este blog verá publicada. Desde el día de la graduación he andado desesperada, buscando en cada esquina una nueva forma de vida, un nicho de mercado en el que posicionarme. Con crecientes (exponencialmente) niveles de angustia, he estado buscando el tipo de persona que quiero ser, que es mejor, más útil, más divertida, más creativa, más eficiente, más exitosa. Más "como debería de ser" la vida en este momento. Tristemente, esta no es la primera vez que me pasa. Pasé exactamente el mismo proceso cuando intenté ser adolescente según lo que la tele me había vendido. Y me tomó como 5 ó 6 años (bastante después de que la "adolescencia " como tal se terminara) darme cuenta de que eso no iba a pasar, y que no tenía nada de malo, porque yo era quien era y punto, aunque no pudiera definirlo o vendérselo a Aaron Spelling.

Luego de esa tardía epifanía, tuve unos años de tranquilidad y diversión. Ser quien era estuvo conmadre y hay como dos o tres personas más que pueden atestiguarlo. Y luego todo comenzó otra vez. He estado absolutamente estresada pensando todo lo que debería haber hecho con mis 20s desde hace 2 ó 3 años, cuando todavía ni siquiera se han acabado y todavía podría estarlo haciendo. El punto es que, en el fondo, no quiero. Toda esa lista de cosas que "debería ser" (muss es sein?) son cosas que no soy, o que tal vez puedo ser en siete días de verano, pero no durante toda una década. I am never gonna Be Here Now. Simplemente esa no es mi personalidad. Y, de nuevo, debo recordarme a mí misma que la personalidad no es algo que yo elijo o que puedo controlar. Tal vez otras personas pueden y lo hacen y eso está bien. Pero en mí sólo termina en un bloqueo mental, emocional y físico que me impide ser lo que soy y lo que "debo ser", y termino no siendo nada. Diluída.

En ese afán por desconectarme de falsas expectativas y, honestamente, de desestresarme un poco, dejaré de escribir este blog. También es un intento por volver a escribir otras cosas, aunque sea un angsty diario bajo mi almohada. Creo que lo voy a extrañar bastante, porque mi mente piensa ya en pequeños fragmentos moldeables a este espacio, pero eso no es malo. Empecé a bloguear como un ejercicio precisamente para eso, para darle forma a las múltiples ideas que se forman en mi mente cuando no puedo dormir, y poco a poco fue evolucionando en una forma de vida cotidiana. También sé que he dejado otros blogs antes, sólo para volver a empezar en una nueva dirección, enfatizando mi necesidad de terminar y empezar cosas simplemente por costumbre. Pero esta vez es diferente. Lo que quiero que se acabe con éste, quiero que se quede muerto de verdad, en un día de mayo.

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